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Cada
estación tiene su tesoro, una ventana abierta a cada punto cardinal
desde donde asomarse a la Vida.
El
ser humano es un microcosmos sujeto a las mismas leyes que el resto
de la Creación. También en nosotros el cambio es la regla.
Mas podemos aprender a manejar, en armonía con tales leyes, las
situaciones y estados con los que nos encontramos. Para ello hay que
prestar atención a los cambios físicos y anímicos
que en nosotros se suceden, y adaptarse a ellos, procurando atender
las señales que el cuerpo nos transmite. De esta forma aprenderemos
a llevar las riendas de nuestros procesos. Esta es la propuesta de esta
sección: conocer los ciclos por los que pasamos y encontrar el
tesoro de cada uno, sin caer en su lado ingrato. Para ello utilizaremos
el marco de las cuatro estaciones, que nos servirán como mapa
para describir las cuatro direcciones del mundo interior.
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| Mirándonos
en la naturaleza |
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| Si observamos con
neutralidad la Naturaleza descubrimos que el cambio es el fundamento de
lo vivo. Todo está en constante movimiento. El amanecer sucede
a la noche. Las plantas crecen, florecen, dan fruto y se marchitan para
perpetuarse en las semillas que dejaron... Las estaciones transcurren
cambiando el clima, la vegetación, las costumbres... y nosotros
las habitamos, adaptándonos y sacando provecho de cada una, pues
todas ofrecen algo único |
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Amanece.
Tus sentidos se despiertan ante la inmensidad que te rodea. Allá
donde posas tu atención un nuevo destello, un sonido diferente
se abre para tí. ¡Hay tanto por descubrir! Sacúdete
las rutinas para lanzarte ligero a la aventura de descubrimiento que
es el nuevo día.
Una
fuerza misteriosa recorre los quietos campos invernales. El Sol ha vencido
a la oscuridad y la vida resucita. Una explosión de energía
brotó las semillas y devolvió las hojas a los árboles
dormidos. El Ser se despliega en innumerables formas; lo nuevo toma
el relevo y reina en un mundo joven. El pasado no existe, y el presente
es tan intenso que no hay espacio para perderse divagando futuros.
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| El
tesoro de la primavera |
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| El tesoro de la primavera
es vivir el presente. Entregarse a cada instante con decisión y
alegre confianza. Si el invierno era el orden, la austeridad de lo esencial,
la primavera es la pasión del descubrimiento, la osada exploración
de las fronteras; no hay barreras para la curiosidad del niño.
Celebramos que estamos vivos. Celebramos nuestra forma humana, los dones
de que disfrutamos; un cuerpo, sentimientos, razón y palabra, manos
para construir, dibujar, tañer un instrumento... La capacidad de
sentir placer y de ser avisados mediante el dolor; la flexibilidad para
cambiar y adaptarnos armónicamente a lo que nos rodea... |
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| Aprender
es un juego |
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Venimos
de la serena oscuridad de la semilla. Hemos salido a la luz en un mundo
nuevo y deslumbrante. Empieza la aventura de conocer -y conocerse- en
este nuevo mundo. Aún no se han asumido rutinas que limiten lo
que podemos experimentar. Percibimos sin tapujos, abiertos a conocer,
y no dándolo todo por sabido. Jugando aprendemos a desenvolvernos
y desarrollamos habilidades. Aprender con gozo es jugar. Estamos tan llenos
de vida que la osadía es un impulso espontáneo. Y la libertad
de movimientos, el acercarse a todo sin prejuicios y disfrutar como niños,
nos ha hecho herederos de este Paraíso del cual también
somos parte. |
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| Crecer
y multiplicarse |
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| El impulso creador
del Ser es la Vida. Y las innumerables manifestaciones de la Vida poseen
ese mismo impulso creador; desplegarse cada uno con su forma y matiz y
ser vehículos para traer nuevos seres a este mundo. Y los humanos
también nuevas obras, melodías, hogares, esculturas, mensajes,
danzas irrepetibles... elaborados desde la celebración de estar
vivos, desde el gusto por explorar, por usar los dones con los que hemos
llegado a este planeta. |
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| Cómo
encontrar el tesoro de la primavera |
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| Los actos de osadía
nos hacen atravesar algún límite: de importancia personal
(temor al ridículo), mental («no soy capaz...»), físico,
emocional (incapacidad de expresar los sentimientos). Actúa impulsivamente,
confiado en la fuerza que da el arrojarse sin medir la resistencia de
los obstáculos. Atrévete a realizar algún acto de
osadía, aunque sea pequeño; derribar un límite de
los que creas tener. Experimentarás que el valor de arriesgarte
hace brotar en tí la fuerza que yacía dormida. La energía
que inunda el cuerpo renacido (la purificación invernal ha preparado
el organismo), impulsa a la actividad, a la danza, un dinamismo alegre
y despreocupado. Déjate llevar por el movimiento y descubre que
ello te regala más vitalidad. Practica la danza libre, cuidando
que la musculatura se suelte, atento a las tensiones para relajarlas con
el movimiento; siente todo el cuerpo y realiza movimientos desacostumbrados.
Las rutinas son hábitos que se repiten de la misma manera y con
horario determinado; también son rutinas de pensamiento, filtros
inamovibles para entender la realidad. Si llenamos con ellas el presente
no queda hueco para la improvisación y la sorpresa. Lo más
maravilloso puede llegar sin enterarnos. Convierte el presente en un acto
de creatividad constante. Cada gesto, cada acción es una obra de
arte, una danza que expresa el milagro de estar vivos y de poseer un cuerpo.
Descubre la belleza que destila todo y embriágate con ella. Pero
cuida que la impulsividad y el arrojo no deriven en ceguera o tozudez.
Que el dinamismo no degenere en prisa o impaciencia... No malutilices
tu energía atacando al otro; empléala en detener a tus peores
enemigos: la ira, la violencia, el egoísmo... lo que te aleja de
sentirte bien contigo mismo. Para acercarte al espíritu de la estación,
siembra una semilla y cuídala, atento a su crecimiento. Aprende
de la Naturaleza, que no duda en hacer brotar la simiente. |
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Mediodía.
El sol está en su apogeo, y su luz y calor reinan. Época
de madurez, de cosecha, de abundancia y celebración. El corazón,
nuestro sol interior, se abre en amorosa confianza y lo abarca todo.
En
la fiesta del solsticio de verano, la Noche de S. Juan, las hogueras
iluminan la noche más corta del año. La luz y el calor
han triunfado. Del despertar individual en primavera a la celebración
gozosa en grupo. La vida es más fácil, y sobra energía
para celebrar y compartir con los demás.
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| El
tesoro del verano |
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| Las grandes fiestas
del año se celebran en verano. Los pueblos enteros se vuelcan en
un abrazo gozoso. Es tiempo de baile colectivo, de juerga, de liberarse
de las ocupaciones y normas cotidianas. El pensamiento se detiene; no
hay de qué preocuparse. Llegó el momento de disfrutar de
los frutos del tiempo y el esfuerzo.. Todo en la creación ha madurado,
y nosotros también. El premio de la cosecha ha llegado, y hay que
agradecer los dones de la vida, y celebrar con los demás generosamente
la abundancia estival. Como la cigarra, que canta optimista y despreocupada,
pues la vida es fácil, sin frío, con todo lo que necesita
rodeándole. Las hormigas han de volverse cigarras y conocer la
amplitud que da la confianza en la Naturaleza, y el gozo de disfrutar
de lo mejor de los demás; ¡a vivir, que son dos días!
Ya volverá el declinar del sol, y la preocupación por sobrevivir.
No dejes que el temor al ridículo, o el apego a mojigatas normas
sociales te encorsete y haga de tí una momia hierática y
sin alegría. Estás vivo, y ningún esfuerzo has de
hacer para ello. ¡Es un regalo! Lo más precioso ya lo tienes,
así que borra el temor y la desconfianza. Todos compartimos el
mismo don: somos seres vivos, y allá donde posas tu corazón
encuentras un ser como tú, hijo de la misma creación. No
te contraigas, poniéndote a la defensiva; eres tan amplio que puedes
darte generosamente y compartir lo que tienes y eres. |
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| El
corazón, nuestro sol interior |
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| El Sol está
en su apogeo, y nuestro sol interior, la fuente de calor, luz y comprensión
es el corazón. Dejemos que la atención se pose en él,
y sintamos lo que nos rodea desde ahí. Que el presente se tiña
de amor, que lo que vivas se filtre con amor. Así desaparecerá
el juicio, la intolerancia, el creerse diferentes y separados del otro.
Empezando por tí mismo; has de aceptarte y quererte, por encima
de tus errores y defectos, pues eres una mezcla de sombra y luz, como
todos. Para cambiar debemos conocernos, y ello sólo es posible
si nos miramos de frente, sin complejos ni rechazo. Si te has liberado
de corsés y prejuicios torturantes habrás limpiado tu mente
y liberado tu energía. Y tu corazón podrá latir con
su auténtico ritmo, y podrás sentir por los demás
la compasión que a tí mismo te negabas. |
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| Cómo
encontrar el tesoro del verano |
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El
amor se enciende con el contacto, así que encuéntrate
con los demás: ábrete sin barreras, derrochando alegría
y espontaneidad. Sustituye el temor al ridículo por ganas de
disfrutar sin complejos. Exprésate: canta, baila, habla... No
dejes que la importancia personal, el pesado intento de mantener una
imagen ante los demás, te coarte e impida comportarte con naturalidad.
Cuanto más se pretende mantener el tipo más vulnerable
y torpe se aparece a los ojos ajenos. Así que olvida tus pretensiones
de quedar bien y así estarás más suelto y hábil
para resolver y gozar las situaciones que te encuentres.
El
verano es el sí a la vida: abre los brazos y descubre todo lo
que abarcas como humano. Un cuenco sólo puede contener cuando
está vacío, abierto a colmarse. El no es cerrar la puerta
a lo nuevo. La estrecha comodidad de lo conocido. Manejable pero limitada.
Sin sorpresas no hay intensidad. Sin riesgo no hay aventura... Así
que deja lugar en tu vida para la confianza y la celebración.
Se
generoso. Celebra una fiesta en la que todo sea abundante; evita
la tacañería, actúa como la vida, que da sin medida,
sin temor a gastarse. Haz y hazte regalos: el descanso que anhelabas,
la visita pendiente, la excursión siempre pospuesta...
Disfruta
de tus sentidos: degusta los alimentos, deléitate con
la música, despierta el tacto, explora con tus manos los objetos
y asómbrate con las texturas, acaríciate sin tapujos;
disfruta de lo placentero que ofrece la naturaleza.
El
calor y la luz favorecen la expansión, el optimismo.
Mira el lado positivo de las cosas, el regalo que es cada nuevo día,
el agua, la temperatura, los amigos... Evita los peros, los pensamientos
rebuscados y juiciosos que impiden disfrutar las situaciones con alegría
y entusiasmo.
Mas
no caigas en el exceso; disfruta del presente, evitando que los deseos
se desboquen y aparezca la codicia, la ansiedad por llenarse de intensidad,
perdiendo la capacidad de gozar de lo sencillo. La atención puesta
en el corazón, -que descubre la maravilla allá donde se
posa- evita que la mente se obsesione con infinitos deseos, imposibles
de saciar. El apego al placer conduce a la confusión, de la generosidad
-darse para abrir la fuente- se pasa al egoismo -intentar llenarse de
cosas-. Recuerda que el calor de la celebración vivifica, pero
el fuego desbocado transforma todo en desierto.
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La
ventana del oeste mira a un lago de aguas quietas, rodeado de un bosque
de hojas doradas. Un remanso de paz en el que retirarse a contemplar
en silencio y recordar, en el declinar del año, el ciclo que
termina. Comprendiendo el lugar que todo ocupa en la Creación;
que no hay actividad sin descanso, ni euforia sin serenidad. Un lugar
también interior para recapitular y encontar qué es lo
que realmente queremos.
Atardece;
la
bruma acompaña al río
que
atraviesa el bosque antiguo.
El
otoño es el oeste, el crepúsculo, el declinar del Sol.
El año se acerca a su término y las lluvias terminan con
el estío. Las hojas en los árboles amarillean preparándose
para el sueño invernal. La luz disminuye y la atención
se dirige hacia dentro. Es momento de recogerse, revisar lo antiguo
y prepararse para la renovación desprendiéndose de lo
que sobra o estorba. Cultivar la serenidad, aquietar las emociones...
y observarlas, descubrir que son como el agua y pueden desbordarse como
en las riadas, descargar la tensión como la lluvia que limpia
el bochorno del viento sur, estancarse como en las ciénagas...
o serenarse como en un lago de montaña. El oeste es también
permitirse el descanso; tras el esfuerzo ha de venir la recuperación,
no es posible sostener la tensión sin complementarla con la relajación.
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| El
sufrimiento |
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| En ocasiones, sentimos
la necesidad de detenernos, descansar y desde la quietud reconsiderar
lo hecho y experimentado. Preparándonos para soltar lo molesto
y dar el siguiente paso con renovados bríos y mayor claridad. Si
ignoramos la señal y desde el pensamiento forzamos la máquina,
el organismo insistirá en el mensaje quizá transformándolo
en dolor; llegados al extremo la falta de energía se traducirá
en apatía, desazón... La melancolía tan asociada
a estas fechas. El déficit de energía puede deberse a agotamiento
físico, o falta de algún alimento esencial (determinados
oligoelementos o vitaminas, la propia luz del sol...), y la tristeza posarse
como un manto oscuro. O también puede ser existencial: precisamos
un cambio y al no hacerlo consciente aparece la señal de alarma;
una desazón, un anhelo oculto sentido en el centro del cuerpo que
nos fuerza a cambiar. Y a fuerza de no atendernos aparece la insatisfacción
y apatía; nos quedamos sin fuerzas para salir de la confusión
y terminar con lo que nos pesa. Y la claridad sólo aparece cuando
nos detenemos a sentir qué es lo que queremos realmente. Entonces
la atención podrá moverse de lo emocional a la voluntad
para recuperar la energía perdida y salir del atasco. Habremos
encontrado nuestro norte particular, el momento para cuidar el cuerpo,
limpiar la mente y abrir la consciencia. Y eso será tema del próximo
artículo... |
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| Meditación
en el agua |
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| Para adentrarse en
la serenidad, puerta para discernir con claridad y recuperarse, te propongo
una sencilla práctica de meditación. Lo ideal sería
buscar un curso de agua o estanque, al atardecer y en el campo. Adoptando
una postura de meditación (espalda erguida, hombros caídos
y relajados, barbilla ligeramente metida hacia dentro), fija la mirada
en el agua, sin apartarla, procurando mantener el cuerpo y la mente quietos,
centrado en la respiración, calmada y profunda (mínimo 11
min.). De estar en casa, coloca frente a tí un cuenco (mejor de
vidrio transparente) colmado hasta el borde de agua. Aquietadas las emociones
podemos repasar nuestras acciones y relaciones y soltar con el perdón
los daños que acarreamos en el recuerdo como lastres dolorosos.
Como el roble, despréndete de las hojas antiguas para dejar hueco
a los nuevos brotes que el futuro traerá. |
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Llegó
la noche. Tras la serena recapitulación del ocaso muere el día
y la oscuridad borra los límites. Silencio. El Sol está
oculto ahora; ¿has aprendido a calentarte por tí mismo?
Somos
un pequeño universo donde se interrelacionan inseparablemente
el cuerpo físico, mente, emociones y sentimientos. Todos cambiantes,
como el clima y las estaciones del año. Y en cada estado se abre
la posibilidad de detenerse interiormente y vivir desde el silencio
mental conectando con el Ser. Cada estación encierra un tesoro
común a todas y un regalo diferente: explorar la vida desde innumerables
perspectivas. Del vigor e inocencia primaverales a la serenidad del
otoño. De la fiesta gozosa del verano a la lucidez y fortaleza
invernales. Y de fondo, siempre, el sonido de la Creación.
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| El
tesoro de invierno |
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| El tesoro del invierno
es aprender a sacar la energía de tu propio pozo. Encontrar tu
fortaleza. Es momento de eliminar los hábitos de vida y pensamiento
que limitan y quitan energía. Purificarse para dejar hueco consciente
al Ser. En la naturaleza la semilla se prepara para pasar el invierno;
es momento de disfrutar de lo más íntimo de nosotros mismos.
Así, cuando el niño resurja en primavera estaremos preparados
para brotar. Firme el eje, resucitaremos a un nuevo ciclo, renovados y,
a la vez, los mismos... |
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| Ponernos
en orden |
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El orden da energía.
Ordenarse es vivir en armonía con las leyes de la propia naturaleza
y es también poner orden en nuestro interior unificando cuerpo,
pensamientos y sentimientos. Pacificar sus conflictos, aceptando que todo
en nosotros tiene su lugar y función. Has de aceptarte entero y
cuidarte bien para conocerte y usarte de la mejor manera.
Como hace el guerrero disciplinado y austero, que se mantiene en forma,
despierto y preparado ante lo que aparezca -ha puesto orden en casa-.
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| La
consciencia |
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Tras
limpiar el hogar, podemos volcar la atención en la oscuridad de
la soledad interior hasta dar con la esencia. Y reencontrar lo que somos.
El Núcleo del Núcleo. Desnudos de toda identificación.
«Para venir a serlo todo no quieras ser algo en nada»
cantaba S. Juan de la Cruz. No identificándome con lo que
no soy llego a lo que soy. No soy lo que pienso; no soy lo que siento;
no soy la risa, soy el que se ríe. Vacío, sin nombre, no-nacido...
de donde emana lo que percibo, los pensamientos. Esa identidad que no
ha cambiado desde el primer recuerdo.
Si el verano es el apogeo de la expansión, el abrazo que lo abarca
todo, el invierno es desaparecer, la estrecha puerta del no-ser, la visión
más pura e ilimitada. |
| La
semilla |
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| El paso de los años
nos enseña el valor de lo imprescindible: un cuerpo sano, mente
calmada y en orden, las emociones comprendidas y permitidas... vivir el
presente pues es lo único que existe. El pasado nos ha enseñado
a ocupar nuestro hueco, el papel que nos toca en la Creación. A
querernos, como vida en acción que somos, y amar nuestro reflejo
en quienes y lo que nos rodea. Y si la madurez dio sus frutos, reconoceremos
la semilla que late en nosotros, como la flor fructificó y en ella
habitó la simiente. Esencia pura que contiene la posibilidad...
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| Cómo
encontrar el tesoro del invierno |
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Para
fortalecerte y no perder energía cuida la tierra -el cuerpo físico-.
Procura consumir alimentos saludables, evitando los excesos y lo que
te siente mal. Fortalece y flexibiliza el cuerpo con gimnasia, estiramientos,
yoga..., un ejercicio que te resulte afín.
La
voluntad es la capacidad de sostener nuestras decisiones. Superar retos
nos acostumbra a ejercerla.
También
has de poner orden en tu mente. Límpiala de pensamientos negativos,
juicios y cualquier creencia que impida una percepción limpia
de la realidad. Para acercarte a la visión clara, evita la tergiversación;
no te engañes ni engañes a los demás.
Aprecia
el valor de las cosas; prescinde de lo innecesario y no des alas a los
deseos. Acepta lo que te traiga la vida sin huir de lo desagradable;
observa todo con la misma neutralidad.
Disfruta
del silencio, rodéate de él y permite que se adueñe
de tí. Medita; detente en silencio sin objetivo. Cierra los ojos
y siéntete.
A veces
necesitamos vivir situaciones límites para reconocernos, morir
para resucitar, sufrir para sentir más profunda la realidad.
Vivir el presente, trascender los deseos y eliminar la autocompasión
son algunos de los dones de esta estación.
Pero
procura no convertir la disciplina en rigidez, intolerancia o dogmatismo.
Que tu fuerza y certeza no te arrastren hacia el desprecio al débil
o ignorante, que el silencio no te incomunique ni la frialdad borre
tu compasión.
Ascender
una montaña simboliza el espíritu del norte. El esfuerzo
de la subida, la voluntad de llegar y lograrlo reflejan su naturaleza
superadora. Y en la soledad de la cima, con amplia mirada, podemos reconocer
el lugar que ocupamos en la Creación. Insignificantes y, a la
vez, abarcadores de la inmensidad.
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A lo
largo de este viaje por las 4 estaciones interiores hemos descubierto
que participamos de todos los climas, que en nosotros habita el niño,
el anciano, la osadía y el temor, el silencio y la expresión...
la creencia de que somos de una manera determinada, de que el otro tiene
lo que a mí me falta, cierra la puerta a despertar la infinita
posibilidad que encerramos. Abre tus sentidos a la Naturaleza, pues
es un espejo de tu propia naturaleza. Así nació esta sección.
Tienes un mapa para orientarte; el territorio eres tú, y el camino
es un misterio que se va desvelando al recorrerlo. Obsérvate,
tus reacciones, tus procesos de pensamiento, tus cambiantes estados
de ánimo... Y así como te has hecho experto en manejarte
por la cultura que habitas porque has volcado tu atención en
ello, hazte especialista en tí mismo: no entregues a nadie el
timón que sólo a tí corresponde manejar.
Recuerda
que existen tantas realidades como puntos de vista. Así que no
coloques tu referencia en creencias, aunque las compartas con muchos
millones de personas. Tu centro está en el corazón, no
en la cabeza, y sólo en el silencio mental encontrarás
la respuestas a tus dudas... y sólo en tu corazón encontrarás
el calor que da vida. Respira hondo, llénate del alimento que
es el aire, y agradece tan inmenso regalo. Con los pies afianzados en
la tierra, la fuerza en el vientre y el eje en el corazón, abre
los brazos y ponte el cielo de sombrero.

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