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Todos estamos compuestos de los mismos ingredientes, pero combinados en proporciones y formas diferentes. No existen dos personas iguales. Lo idéntico es precisamente nuestra identidad más profunda, la conciencia de ser. Lo demás son las vestiduras e instrumentos de que disponemos en este paso por la tierra. Podemos aprender a usarlos de la mejor manera, y cambiar lo que no funcione bien. Para ello disponemos de técnicas y expertos, ayudas en la aventura de conocerse, desarrollar nuestras capacidades y resolver lo que nos causa sufrimiento. Nos consideramos enfermos cuando algo no funciona bien y padecemos dolor o incapacidad. Salud sería, por exclusión, la ausencia de enfermedad. Pero existe otra concepción más ambiciosa de salud: la manifestación de la potencialidad que cada uno encierra. Desde esta perspectiva las enfermedades son señales que indican un desequilibrio en el organismo que hay que corregir cambiando un hábito o actitud incorrecta. La persona que se conoce en todas sus facetas utiliza los síntomas como pistas para su propia transformación. La referencia ha de ponerse en sí mismo, no fuera. Madurar es ir tomando conciencia de las propias capacidades y limitaciones, y adquirir las destrezas para manejarnos en el mundo. Un proceso que no tiene fin, pero que ha de alcanzar unos mínimos -la verdadera edad adulta- para afrontar la vida con fortaleza, sensibilidad, conciencia e independencia.
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| Características del individuo sano |
Salud
es disfrutar de nuestra potencialidad, desarrollar cada una de nuestras
facetas: cuerpo físico, voluntad, emociones, mente, comunicación
y la esfera transpersonal.
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| Técnicas para el camibo |
| Desde que el hombre
habita este planeta se ha dedicado a investigar su infinito mundo interior,
encontrando las leyes que lo rigen. Por ello todas las culturas nos han
legado técnicas para el cambio. Son los catalizadores, cambian
el estado, modifican la conciencia, liberan la atención de los
mecanismos repetitivos y limitadores que construyen el hábito a
transformar. Son estrategias para detener las rutinas de pensamiento y
comportamiento y acceder a nuevas experiencias que creíamos vedadas.
Y se complementan con el guía, el especialista que dirija con firmeza
el proceso, que sepa emplear la técnica más efectiva y dirigir
la atención en la dirección correcta.
El guía o terapeuta debe mantener una perspectiva abarcadora, donde el síntoma (la tristeza, confusión, ansiedad o la incapacidad de comunicarse) es una señal que ha de rastrearse hasta encontrar la fuente de desequilibrio. Se le da solución al problema y, además, se recorre el camino que conduce al encuentro consigo mismo; de tal forma que el final del viaje terapéutico sea una persona dueña de sí, el propio guía en lo cotidiano. Existen infinidad de técnicas. Incluso pueden diseñarse específicas para cada persona. Pero hay algunas básicas que son útiles siempre. El espacio de que disponemos sólo permite citarlas, sin detenernos en desarrollar ejemplos concretos: |
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